jueves, 20 de noviembre de 2008

LA PÁJARA VENECIANA: DESPUÉS DEL CANTO


Acción:

No bien la Pájara ha endulzado su máscara con el mecimiento, Hengue toma al galapaguito y se lo lleva lejos de sí. La pájara larga un gemido como chillido (expresa el dolor por la traición).

En el fondo cubriendo la visión total, el Acontecimiento. Se proyectan imágenes regresivas de florecimiento y de nacimiento y se puede leer:

“No es sólo un punto de vista desde un tiempo fracturado. Toda noción de tiempo se hace vivencia como extensión. Sin embargo, no deben establecerse correlaciones inequívocas entre la extensión y la experiencia.”

La Pájara y Hengue mueven lentamente sus máscaras hacia la visión haciendo más rotunda su parálisis.

Pájara: Me pregunto cómo en mí la experiencia te hace recuerdo, cómo en vos yo sigo siendo fisura, quiebre del presente. Es que lo dado, ¿es forma en vos, melancolía en mí?

Ahora yo, la Pájara Veneciana, hago de mi vuelo un nado, floto entre las aguas de mi vivencia.

Pero este flotar no es una beatitud es sólo una atracción magnética, podría ser musical, pero es más densa, menos estelar, más estática. (Toma su vestido y lo alza suavemente intentando flotar).

Hengue: Siempre haciendo nidos vacíos pájara…

Nidos donde los gusanos se reproducen y comen de tu amor.

Pájara, ¿vos no comés de esos gusanos? ¿Porqué pájara no comes de los gusanos del amor?

Pájara: Es un instante continuo que se abre a mi contemplación. ¿Es la temeridad o la velocidad con que se engullen todo a la boca?

Hengue: Ay pájara, ¿es que sólo te gusta la contemplación de esa devoración?

Pájara: ¿De los gusanos o del amor?

Acción: La pájara trata de moverse, pero tiene las piernas paralizadas, toma con fuerza cada pierna e intenta trasladarla pero no puede.

Hengue sopla burbujas y se mueve con rapidez alrededor de la pájara intentando estimularla.

Pájara: ¿Nunca pensaste que los otros, en su extrañeza, revelan tu estrepitoso curso? En cambio yo desmaterializo todo lo que esté a mi alcance. Cada rastro de tu cuerpo en movimiento se contradice con las articulaciones implosivas que trae mi andar.

Mi freno son mis túnicas y es el vacío el que cubre mi espacio.

Hengue: Durante todo este tiempo “Templanza” ha sido mi nombre, avivando el humus en su desfalleciente chispeo. Y mi boca, estéril de paganismo, ha adquirido confianza en su entrada en escena. Mirá Pájara hacia allá: Los campos siguen quemándose. ¡Uno de los dos debe ser sacrificado para salvar al galapaguito! (Hay burla en esta exclamación).

Pájara: (Con suma seriedad) ¿Qué importa qué parte del cuerpo es la sacrificada? ¿Qué importa cuál de los dos? El que quede ardera en su implosión…

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