jueves, 31 de diciembre de 2009

Santiago

Hermano, qué infelicidad
nos aproxima
qué mutilación
nos impide la supervivencia.
Soy la que espera
detrás del florecimiento
del aún no acaecido
jardín.
Tu guitarra es la expresión
de nuestro sublime desencuentro
en este cotidiano
trayecto hacia la casa.
La gente y su sordera
privada,
de aquel punteo,
que nos convoca,
qué descontrolada motivación
nos ha llevado a este aprendizaje de la violencia.



No hay culpables en este des
concierto
frente a lo sagrado,
solsticio ocular, la inquietud
del espacio de lo que escucha,
de lo que habla, se hace abstracción:
(cuando se cierran las ventanas
cuando la casa se aleja de nuestro
frío
para acercarse a nuestra fiebre,
las manos de mamá
y su pañuelo mojado
bajan los pájaros de la cabeza).
Sudarios y alas sobre la historia,
canto que cubre lo evocado
para que suceda el eclipse:

Nuestra madre (la otra, la de las flores famélicas, la de las flores flamencas)
nos ha dicho
que el silencio de las castañuelas
puede convocar al baile.
Nuestros ojos,
pequeños y desparramados,
astillas de vidrio,
en puntitas de pie.

Nuestro cuerpo, trazo
perpendicular
sobre el misterio que ha rodeado
la palma de mis manos,

qué temor ha vinculado nuestra sensibilidad
a lo inefable.

viernes, 27 de noviembre de 2009

No Existís

Pronuncio: No existís.
No existís pero pronuncio.
Cuando Amor dicta
tomo nota.
Yo escribo
con lápiz y papel en mano.
El lápiz se desliza con la lentitud de lo pronunciado.
Y en el No-Decir
el tiempo que nos consagra
es el des-concierto
de la circulación de los cuerpos.
El tránsito de las sombras en el silencio
de una dualidad
que invierte las figuras
del infierno dantesco
en el ritmo activo
de la realidad del Hospital
“Público”. No existís.
No me mires: No existís.
Aliméntame del pan mórbido
de todos los días: No existís.
My love life: No me abrases.
Arrástrame en el fanatismo masivo: αηαηκι
No existís. Repíteme, mancíllame, recórreme,
Tergivérsame:
Cuando Amor dicta
yo escribo.
Reencárname en lo no-singular
de la belleza.
Alcánzame en el cenit
del No existís.
Húndeme el néctar de lo invisible.
He dicho: No existís.
Ya no pronuncio. Sólo soy una sombra más.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Espumas

Ahora el olvido trabaja
donde crecía el dolor.

El deseo es plural,
esquivo,
espuma y escama,
un dedo sobre la piel.

El amor,
un pez fosforescente
que huye del anzuelo
de la muerte.

María Victoria Ramos, el ojo de la tortuga, Ed. Último Reino, 2007.

martes, 6 de octubre de 2009

El cuero del amor






Curtidos como postes
por las partidas
y los fantasmas blancos
de los que se fueron,
envueltos en lonas
hablamos de pasión.
Nuestra pasión es la sal
en la que se cuelgan los pellejos
para hacer de una bisagra de piel
el cuero del amor.

John Berger, Páginas de la herida.

jueves, 20 de agosto de 2009

El secreto

Tiene que haber un libro que te salve.
Un punto .
Una línea______
Una estrella en A ﮥ
Un Ojo en V ﺨ

Un sol refulgente y la luz

Un punto
y
El amor.

La imaginación navega, blanco punto, punto blanco
trazo a trazo,
cristal

Líneas oscuras
su contorno,
como la pérdida de ingenuidad
una línea escrita de moral.

Lo mirado es el ojo,
estirás
piernas
brazos
centro
sos estrella.

Escribo imaginando imaginar
ese vacío
parte del amor,
disparo la flecha verde que nació en invierno
los círculos concéntricos
y los exuberantes cabellos de Melisanda
cubriendo
tu pecho
arremangado
todos los días
a las más altas disciplinas.

sábado, 18 de julio de 2009

alunada

Sucumbí frente a esos ojos filosos
recordé algo del orden del amor:
Un instante de incertidumbre en el mundo.
Un haz de silencio entre tanto ruido
-ondas sacrílegas jugando a eclipsar.
Estaciones sumergidas
en la insatisfacción de la conciencia
meses de crispación
lunas desencontradas
devorando estas raíces
que son calandrias
asesinando el último vuelo sonámbulo
en captación

domingo, 5 de julio de 2009

Ofrenda

Neblinas espiraladas cubren mi silencio, tránsito
que hace de esta llovizna
una calle que da la vuelta y aparece
-nítida-
elevando tus pies hambrientos
hacia el cielo de tinta
desde el que te venero.
Sus pardas mutaciones
te arrojan (carne que fulgura)
en la arena de los días, yo
deseo aguardarte cuidando tu destello,
viajar por tus ojos erosionados,
calmar las furias
que desata tu espalda
desoída,
cubrirla de índigo manantial:
tapiz
que estampa tu calor
sobre el instante de mí.

lunes, 15 de junio de 2009

Anoche hechizó a todos sin tregua

Podría haber salido al exterior
pero sólo soy una oscura superficie.
Cómo transportar los virus de mi imaginería
a esta pedestre osamenta.
Tuerzo mis ojos a los bordes,
el cúmulo de vacíos
que conforman la campana gris.
Esferas asimétricas inoculan
los extremos obturados
de esta iluminaria visceral
que siempre se escapa como una mariposa
desde las cuevas de liguria.

viernes, 1 de mayo de 2009

Surco

El hocico desde el que embestiste
plagas fulguraciones aleteos,
como un punteo detenido antes de ver
el derrumbe que es la cornisa,
topos de la hendidura metafísica
no dicha
de la serpiente al ave
y de esta al zorro y al oso
sacrílegas asociaciones
de lo que hiende, dije
en los márgenes de la tormenta sobrevenida
irredenta
(para que lo blando del yo
se realice en su carne
con violencia de picaflores indies
asqueándose de su genitalidad)
reemplaza en silibancia, en labeo
heridas narcisistas.

domingo, 29 de marzo de 2009

Impostura de arrabal

I

Ponete aquel traje de tanguerita,
así, con el pañuelo a lunares.
Esa armonía desencajada fue
la mejor de tus canciones,
hasta ayer, cuando cortaste
con la idiotez de tu franqueza.

II

Si ladea la cabeza el compadrito,
tendrás que explicarle, ladronzuela,
que todo es artificio y el taco aguja
una excusa para el dance.
¿La flor en el ojal? Ay, zorzal,
impunidad pura.

III

¡Qué arrogancia
rimar tu soledad
con la pomposidad
de mi presencia!

Daniela Camozzi, La felicidad ajena, Huesos de Jibia, 2008.

sábado, 14 de marzo de 2009

Glótica

Graniza


Chabuca

Y caen los filositos como los sueños

cómo se alameda la cáscara


frágil estampa


-Es muy tarde pajarrito, dijo Candela

no te concentres en eso ahora,

vos tenés unos negros preciosos y yo


un pájaro,


esta noche


chispeará


tu ausencia

domingo, 22 de febrero de 2009

Murallas

Nunca hice perfumes
con los pétalos agrios
mi infancia de bellotas caídas
y el rocío en el roble
y los primos que acarician
el fusil contra los pájaros

yo les leía a Baudelaire
versión prohibida y amarillenta
era una orgía de rameras y ojos

tampoco hay pétalos
en esta muralla de cristal que me anochece
que me abre la memoria
y soy niña

comiéndome un durazno
en el infierno

María Julia Druille
Gramática del Tangram, Editorial Tersites, 2007

viernes, 16 de enero de 2009

Una de Bandidos

Olvidada
Siento subir
la oscuridad
desde los pies.
Un fuego dorado
en los tobillos
ajustado.
En justa correspondencia
con el que sonaba en el cuello.

viernes, 2 de enero de 2009

Una corazonada para este año

Cuando levanté la vista hace un momento, a la luz ya débil del atardecer, el ramo de lilas parecía una colina cuyos árboles en flor se fundieran en el crepúsculo. Estaba desapareciendo.
La casa tiene unos muros muy gruesos porque los inviernos son fríos. En el marco de la ventana, casi junto a los cristales, hay colgado un espejo de afeitar. Ahora, cuando levanto la vista, veo reflejado en el cristal un ramito de lilas: todos y cada uno de los pétalos de las minúsculas florcitas aparecen nítidos, definidos, cercanos, tan cercanos que se dirían los poros de una piel. Al principio no entiendo por qué lo que veo en el espejo tiene mucha más intensidad que el resto del ramo que, de hecho, está mucho más cerca de mí. Luego me doy cuenta de que lo que estoy viendo en el espejo es el otro lado de las lilas, el lado totalmente iluminado por los últimos rayos de sol.
En la misma posición que ese espejo coloco cada tarde mi amor por ti.

John Berger