jueves, 16 de septiembre de 2010

"Habitar es el modo mismo de sostenerse" E. Lévinas

Parafraseo a Lévinas con la holgura de mis primeros pasos inciertos, y no por eso menos obsesivos, de la conciencia de un tiempo otro que hace de mi experiencia de la lectura un temblor y del temblor de la presencia histórica una lectura de la (in)mediatez:



Los libros prohibidos como un modo de ser de la ajenidad y a su vez de intimidad. Ajenos por que marcan el territorio de lo no posible o no comprensible, o peor aún, indican la intensificación de la "peligrosidad". A su vez, por ser prohibidos, son secretos, íntimos, "sospechosos". La imposibilidad del relato instaura también la ley del padre, no hay zona gutural. A lo sumo, una fonética seductora que irá marcando en su olvido un modo de "habitar como modo mismo de sostenerse".
La distancia que habita entre leer y escribir hace ingresar necesariamente un universo simbólico por ser amoroso y amoroso necesariamente por ser simbólico. Ahí podemos descansar de todo temblor:


Más claro, echale agua...

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