lunes, 31 de enero de 2011

parece que se me chifla el सबले pero no: es la configuración de este monitor

el filo luminoso de las curvas o pendientes, como si la impotencia pudiese revelarse mejor en lo otro del lenguaje, o en el lenguaje en su ser otro, en esa intraducibilidad que es la misma que hoy carece de puntos, me rebelo, como un gran signo de exclamación ante la velocidad de lo legible, es demasiado el traqueteo del hacinamiento en tren, el malestar gana siempre terreno, y en esa certeza de lo percibido las alternativas resultan pobres: los niños toman las armas y se reproducen con la misma frecuencia y algunos los observan como un hecho estético o pintoresco, en las cárceles las madres de los presos se contentan cuando sus hijos encuentran el evangelio y promueven la "vida" como una religión, unos pelotudos cuarentones mueven sus caderas desde hace tres décadas con la misma canción, lo cotidiano estalla opresor en sus formas estupidas y se hace la mona escuchando cumbia como un acto de redención popular, y trae escupitajos experienciales y metonímicos porque es más fácil mientras las aguas, las otras aguas, las que traerán el mar que espera sobre nuestras cabezas, continúan ahí en su eternidad de tragedia, la tragedia que abre sus fauces nocturnas todos los días para hacer de esta masacre (la del hacinamiento y los niños, la de la cultura y sus excesos) un asunto del día, de todos los días