domingo, 20 de febrero de 2011

El caracol de Gaudi




Siendo inaugural en esto que soy, una niña amiga fundaba: la forma estética del caracol y la necesidad de anclar el lenguaje en el corazón del corazón. Rimbaud lo dijo también y no encuentro la cita, pero lo juro, la infinitud de ese espacio en el que se realizan las elecciones que fundan, esa miniatura donde se reúnen la razón y el amor, se ve, se ve en la luz que desprenden las pupilas, en la expresión, en nuestra carnalidad. Y la densidad con la que interactuamos proviene de diferentes grados de matices y cuerpos sutiles. Esa sutileza espiralada es arquitectónica dicen algunos. Y con esto no se dice más que "no se puede echar por tierra lo que hemos sido, somos, seremos sin tirar abajo todo el edificio". Por eso, cuando otro husmea en esa construcción que nos define, no hace más que rozar nuestra vulnerabilidad.

Me preguntaba sobre la fluidez que funciona entre mi mano y el teclado a la hora de escribir sobre esto y mi enmudecimiento catatónico y encontré a Quignard otra vez:

"Un escritor, por lo demás, se define simplemente por ese estupor de la lengua, que, por añadidura, les conduce a la mayoría a ser desterrados de lo oral".

La misma sofisticada tristeza encuentro en Gaudi y su escalera simétricamente profana.

Y andando en estos tejidos siento tu presencia del otro lado del monitor y me da alivio encontrarte nuevamente, cuándo volvés? qué lindo que intercambiemos imágenes, lenguaje, poesía nuevamente...