domingo, 8 de julio de 2012

El hombre perfecto(los goces de Dafne)




I
Ahora pecará de conmiseración como una devota:
sólo dormirá en su acolchado perfumado.
No parará más hasta masticar
cada pigmento oscuro de su corazón.

II
Suficiente es decir tan inacabado como humano.

III
Al saborear moras Dafne anda por ahí, sabe
que el rapto inaugura el gemido
Y que cada gemido es canto
cuando se cuelga el sonido
en lo alto
¿Será que tu lengua está tan alta como aquellas moras de la niñez?

Tus dedos, opium inarmónico
ahogan
mis acorde.

IV
Enmudecer al amor en mi amor
debe haber tenido una causa suficiente.

¿Habré dejado las palabras en la almohada?
Porque al imaginar tu lenguaje
se me figura mi boca húmeda,
mis cabellos flotando en el cielo:
el sueño, la cama y el amor.

V
Los pájaros de fuego subieron a mi noche.
Vasalisa sabe que es tiempo de orar:
Juntaré cada espinilla
que flote en el aire
porque tu cuerpo
exhala
aún su perfume
en mi cara.

VI
Una mariposa brota de tu lenguaje:
voy siendo algo tuyo
sobre la superficie
y la difuminación.

VII
Cuando las palabras elongan
sobre el mundo
parece que el corazón está llamado a dilatar su flor.

VIII
Vera mira el agua helada llegando a sus pies. Sabe a sauco púrpura buscando rincones de color para su maduración. Lo que no sabe es que el agua está helada, ni que sus pies son sus pies. Todavía es tiempo de espera porque el límite entre lo que sabe y lo que no sabe tiene gusto a cuerpo, emanación y humedad.

IX
El tiempo del amor ha llegado, tiempo de lo inteligible, inarmónico e imperfecto.

X
Muchas veces pintó su palabra con amor, con pasión y con fervor. Pero, ahora es el tiempo en que Eros dibuja en su cuerpo y ella en el de él.

XI
Ahora la belleza no está en las moras sino en lo lamido por sus labios.

XII
Por eso no duerme en las noches. Espera que la almohada le dicte los sueños, pinte con rubor sus mejillas y afine sus pies para traerlo a su lecho.

XIII
El cisne tiene cuello de serpiente:
Su poesía es fálica
como la lira de los celtas.
Sabe saborear su presa
hasta dar la mordida final.

XIV
Los besos del corazón se cuelgan en lo alto. Llenan los huecos húmedos de resonancias. Entonces el agua baja como un torrente para ser lamida.

XV
Separó lo suave de lo rústico.
Esa grieta sobre el tiempo que reúne
en una misma devoración, lo mordido y la mordida.
Sólo hojas de moras tendrá en su noche.
Las moras deben volver a ser fruto y las hojas, árbol.
El deseo debe volver a su carne y la carne a su deseo.
Así
arrastró sus hombros hacia delante y estiró
estiró su cabeza
arqueando la pequeña muerte que los separaba.

XI
Dafne quisiera
no agotar la llana
vocación de laxitud:
es una línea inmediata
agotada sin espesura
detrás y delante de sí.

El goce se tiñe de fuga.
Y la fuga sólo es fuga.

XII

o el cuerpo de Frida y su desnudez
la sangre evaporándose en el exceso
el fuego atravesado en su pincel
cantado por la belleza de su figuración.

XIV
El hocico desde el que embestiste
plagas fulguraciones aleteos,
como un punteo detenido antes de ver
el derrumbe que es la cornisa,
topos de la hendidura metafísica
no dicha
de la serpiente al ave
y de esta al zorro y al oso
sacrílegas asociaciones
de lo que despedaza, dije
en los márgenes de la tormenta sobrevenida
irredenta
(para que lo blando del yo
se realice en su carne
con violencia de picaflores 
asqueándose de su genitalidad)
reemplaza en silibancia, en labeo
heridas narcisistas.



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