La biblioteca de la nueva poesía de mi mesita de luz

Tengo muchas pilas de libros amontonados, no sé si por desorden o pereza, están ahí iluminando u oscureciendo mi escritura desde hace algunos años. Quisiera que sobrevivan a mi mutismo y a mi. Muchas veces pensé en armar una biblioteca popular, de hecho hice circular unos cuantos con la condición de que siguieran circulando, me sumé a una propuesta que algunos conocerán, de un libro en la calle una vez al año, un libro en cada plaza, en cada escuela, en la estación de subte o de tren en todas partes del mundo. Pero, hay una pila que tiene un valor agregado para mí. Es la pila que descansa en el día en mi mesita de luz, y que despierta algunas noches antes de dormir. Son los libros que me llegaron en distintos ciclos de lectura, en ferias, o en la calle, de escritores nuevos o no tanto pero que eligen una edición artesanal o independiente para compartir. Haciendo del tiempo mi aliado, voy a ir subiendo un poema de cada uno de ellos.
Aquí va el primero que hace mover el motor, del libro Tacuarita de Rocío Muñoz, una princesa sevillana rosarina que entra y sale de su guarida con destreza y picardía...

EL JARDÍN
Me gusta la mordedura en la manzana
Suena a manzana, suena a verde.
Suena a sexo y a armonía salvaje.
Soy la niña que muerde la manzana,
ingenua agreste y agresiva.
Corro de un lado a otro,
el pelo al viento,
la luna en la cintura,
el sol en la cabeza ardiendo ardiéndome,
manzaneando laberintos secretos
de tierra y de agua,
de barro y de río,
sonando a río.
No hay miedo no hay silencio.
Protege tibia natura
cestita con frutas.
Se viene alegría briosa.
Se viene el paraíso.
Apenas un instante,
acaso siempre.
Luego se desvanece y queda el bosque.


Rocío Muñoz: Ediciones Espiral Calipso, 2008

Podría acercarme a la cosa que nos hace bailar, prendiendo un fósforo y acercarme al rostro de Sergio y escucharlo hablar.

POEMA 21


Todo es posible en el silencio
como en la oscuridad.

El animal deja la manada.
Detenido bajo las ramas secas,
todo en esta noche se vuelve lo mismo,

(Una mano se adelanta.)

Las chispas llevan hasta la otra mano...

Así es la libertad:
una cerca de púas
simulando estrellas cercanas
entre las manos de los otros.

Sergio Guerrieri: En el lado salvaje, Desnudos en Quarently, Ediciones del Dock, 2009.

Como una chispa el episodio del fuego que fueron varios al finalizar el 2008. El humo ensordecedor dibujo otros tapices que se proyectarían en nuevas geografías. Un año después intercambié este hermoso libro en Rosario que abrió sus fauces nocturnas para expulsarme de nuevo en Aluminé, ruta del fuego, base de un volcán.

El patio del dragón
lo recrea;
retiene su exhalación
hasta el hartazgo
encierra su figura
en la oquedad de una baldosa
abusa de él
y lo adiestra.

Cuando inhale, no habrá más palabras para decir
que la combustión de las paredes
en los claustros del conventillo.

Fabricio Simeoni, Episodios del fuego, Menta producciones, 2009.

Y haciendo de la continuidad la excusa, quisiera parecerme a Ergoto pero es un juego todavía indescifrable, Solaris casi no tocó mis manos, se acomodó en mis rodillas siendo pasaporte al futuro y me fui me fui me fui

hay un enorme centro de este verano
un mar en el centro de la tierra
una roca más allá
isósceles
zumba el vino, blanco, manto
revuelve como una oleada, un vaho
ardor del centro del estómago
piel del musgo
extrademencial este terrible territorio
campo de nieve

Romina Freschi, Solaris, Pajarosló Editora, 2007.

13/04/20011

Mi casa sola se llenó de caballos de arena, mi casa sola de chicos en la escuela de estética, claro que éramos muchos, somos muchos los que buscamos que cada palabra se llene con la voz de los chicos y que miramos llenos cuando los chicos se vacían de palabras, así en otra escuela llegó un día Marisa Negri galopando aires frescos de tiempo, de ferocidad y de intimidad....

habitación a oscuras


construye su casa
con la carne del sueño
la bella
tiene una piedra verde
para trazar el sol
en lugar de su cuerpo
es una madreselva la que trepa por el
ojo dormido del amante
y si después
todo
enmudece
sería mejor quebrar de a uno sus rumores

por la mirilla del océano
su vestido retoza
en la húmeda intimidad del silencio


Marisa Negri, Caballos de Arena, Nuestra América, 2003.


sobre mis sueños las manos de mi abuela rasgando la tierra con sus manos moradas, mi abuela y sus piernas moradas de caminar, que a veces es canto de machi, canto de doña rosa, sembrando sobre mi cabeza y limpiando mi atolladero....Mi abuela y yo tenemos un patio así


todavía quedan patios con solapa de chapas y rombos negros
que alargan los corredores

quedan patios anchos hasta el alambrado
vistos desde una pieza ciega

patios profundos de siesta de galpón
de gallinero

Darío Lobato, Patio de Juana, Irojo, 2006.